Rosa Roja

La puerta de la celda se abre. Rosa entra. 

Se encuentra en Berlín, es 1919.

Es encarcelada. Nuevamente por un motivo político. 

Perdió la cuenta. 

La revuelta fue sofocada. Finalizó la revolución de Noviembre. 

Fue golpeada, numerosas veces. 

Golpes.

Golpes fue lo que Rosa más recibió durante sus 47 años. 

Golpes, muchos golpes. Físicos y anímicos.

Algunos más fuertes, otros más leves. De algunos se enteró y de otros no. 

Los recibió tanto de gente que ella conocía cómo de gente que ella no conocía.

Golpes que no esperaba, como el de su alumno Ebert por ejemplo, quien fue la persona que dió la orden de sofocar la revuelta. Su última revuelta. 

Golpes que fueron políticos. Siempre. 

Golpes qué no la detuvieron. Nada la detenía. Sus convicciones eran aún más fuertes que los golpes. 

Por eso Rosa siguió. 

Siguió pensando, escribiendo y actuando. 

Rosa siguió luchando. 

Luchando por una Polonia independiente. 

Luchando en contra de la guerra. 

Luchando por la libertad porque “La libertad siempre ha sido y es libertad para aquel que piensa diferente”

Luchando  por sus ideales , encabezando protestas.

Ideales que son recordados y honrados todos los eneros de cada año frente a su tumba.

Una tumba que desborda de flores, flores rojas que pretenden homenajear a el “águila de la revolución”.

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